Cómo ponerle precio a tus platillos (sin perder clientes ni margen)
Por
Regina Amézquita ↗CSO de Butter. 5+ años en estrategia financiera. Involucrada en proyectos de crecimiento en salud, transporte, consumo y retail.
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El precio de un platillo es la decisión que más repites en un restaurante y, casi siempre, la que menos piensas. Se pone copiando al de enfrente, redondeando "a lo que se ve bien" o calculando al tanteo. El problema es que cada platillo mal precificado se vende decenas de veces al mes: un error chico, multiplicado, es de los que te dejan sin margen sin que sepas por qué.
Poner precio no es adivinar lo que el cliente aguanta. Es construir desde tu costo y cuidar lo que te queda.
Empieza por el food cost, no por la competencia
El precio sano arranca de adentro: cuánto te cuesta el platillo en insumos. Si un plato te cuesta 60 pesos de materia prima y quieres un food cost del 30%, ese plato no se vende en 120 "porque suena bien": se vende en 200, para que el costo sea ese 30% y lo demás cubra gente, estructura y tu ganancia. Mirar solo a la competencia te lleva a copiar el precio de alguien que quizá también lo puso mal. Si todavía no controlas tu food cost, empieza por ahí: lo explico en Food cost: el número que decide si tu restaurante gana.
El menú es una herramienta, no una lista
Un menú bien armado vende por ti. No todos los platillos tienen que dejar lo mismo: algunos atraen (precio amable, mucho volumen) y otros cargan el margen (los que de verdad te dejan). El truco es empujar los de buen margen —dónde los pones, cómo los describes, qué va al lado— en lugar de tratar la carta como una lista de precios pareja. Un platillo estrella que deja bien, bien colocado, mueve tu rentabilidad más que subirle cinco pesos a todo.
Subir precios sin perder clientes
Subir precios da miedo, pero no ajustar cuando tus costos subieron es regalar margen. La clave es hacerlo con cabeza: súbelo donde el cliente menos lo nota (no en el platillo ancla que todos comparan), acompáñalo de algo que mejore la percepción (presentación, una guarnición), y hazlo gradual. Un ajuste del 5-8% bien puesto casi nunca espanta; lo que espanta es el salto brusco después de dos años sin tocar nada.
No prometemos llenos: te damos el número para decidir el precio
Cambiar precios sin saber tu margen es tan riesgoso como dejarlos congelados. En el Check-Up financiero gratis de Butter ves cuánto te queda hoy de cada peso y cuánto necesitas vender para no perder, para que cualquier cambio de carta lo decidas con tus números —no con una corazonada. Para restaurantes, lo aterrizamos en CFO para restaurantes.